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May
10

El “Crash Course” en español


Palabras iniciales sobre el Crash Course

La terrible crisis económica que actualmente padece nuestro planeta amenaza con llegar a ser una reedición posmoderna de las epidemias de peste bubónica que asolaban el medievo y ante las cuales el ciudadano común se sentía totalmente desprotegido. Ahora, igual que entonces, nadie entre los poderosos parece saber cómo atajarla, pero todos perciben –aunque no lo digan– que las consecuencias pueden ser devastadoras, no sólo en cuanto a la ingente cantidad de riqueza que ya se ha destruido (y se seguirá destruyendo), sino también en cuanto a la amenaza de desempleo generalizado, hambrunas, miseria y muerte, que está haciendo añicos la supuesta invencibilidad del capitalismo. Y lo peor es que los gobiernos occidentales –que controlan el mundo– no parecen haber aprendido la lección de sus errores y siguen incidiendo en la misma medicina  de inyectar dinero virtual que los ha conducido a este callejón sin salida, algo así como si a un diabético en estado de coma se lo tratase con infusiones de glucosa.

Es en este contexto de confusión generalizada donde brilla con luz propia el Crash Course que hoy presentamos, una herramienta educativa esencial para quienes vislumbran que la única salida a la crisis consiste en olvidar el sofisma de que el crecimiento infinito es posible en un planeta finito como el nuestro. El Crash Course no ofrece milagros. Al contrario, se esfuerza en deconstruir las falacias sobre las que se basa el capitalismo en su presente estado: dinero que es puro papel sin respaldo alguno, deudas impagables, militarismo, desaparición del ahorro… y crisis energética inminente a modo de espada de Damocles, todo ello combinado en un cóctel letal.

El curso está estructurado en 20 capítulos para su visualización en PowerPoint y su mejor virtud es que ofrece una lección de realismo a quienes lo toman, alejándolos de ese mundo de ficción en que políticos, banqueros, economistas tradicionales y medios de comunicación “encierran” a los indefensos ciudadanos globales. No hay salida posible si las cosas no cambian, nos dice Chris Martenson –un antiguo vicepresidente de la multinacional farmacéutica Pfizer reconvertido en activista antisistema, en la estela de Joseph E. Stiglitz–, pero no se detiene ahí, sino que añade estrategias de cambio. El cambio es posible y saludable, concluye Martenson, pero sólo si nosotros estamos dispuestos a intentarlo.

Capítulos Duración
Introducción 03:34
1 Tres creencias 02:18
2 La sigla “EEMA” 03:16
3 Crecimiento exponencial 08:27
4 El problema es la función exponencial 04:40
Crecimiento frente a prosperidad 05:15
6 ¿Qué es el dinero? 09:17
7 Cómo se crea el dinero 07:39
8 La Reserva Federal 10:42
9 Brevísima historia del dinero usamericano 10:57
10 La inflación 17:23
11 ¿Cuánto es un billón? 04:46
12 La deuda 17:38
13 La incapacidad nacional para el ahorro 17:20
14 Activos y demografía 19:51
15 Burbujas 19:45
16 Las cuentas no cuadran 21:37
17a Parte A: El pico del petróleo 25:14
17b Parte B: Economía de la energía 17:29
17c Parte C: Energía y Economía 09:50
18 El medio ambiente 23:47
19 El incierto futuro 11:04
20 ¿Qué debo hacer? 22:53

Traducción de Manuel Talens. Voz en off de Atenea Acevedo.


Mi interés por los fraudulentos mecanismos económicos que han puesto contra las cuerdas al sistema capitalista me llevó en años pasados a descubrir la inaplazable crisis energética que pronto tendrá lugar cuando el petróleo empiece a escasear, mucho más grave y mortífera que la actual crisis financiera, por mucho que políticos, economistas profesionales, “expertos” televisivos y medios dominantes sólo se ocupen de esta última. Debo agradecer a mi amigo Pedro Prieto, editor del sitio web Crisis Energética, las largas conversaciones en las que me enseñó casi todo lo que sé sobre el cenit o pico del petróleo, así como su invitación personal a la 7ª Conferencia Internacional de la ASPO (Association for the Study of Peak Oil and Gas), que tuvo lugar en Barcelona el pasado mes de octubre de 2008, a la cual asistí con sumo placer.

Fue en aquellos días barceloneses donde se gestó —de forma totalmente insospechada e indirecta— la futura traducción de este Crash Course que hoy ofrecemos en lengua española. Todas las ponencias y textos allí presentados tenían su interés, pero señalaré solamente dos circunstancias que, al confluir, pusieron en marcha el motor que ahora me lleva a escribir estas líneas. La primera fue el impacto que me causó la conferencia de Charles A. S. Hall, profesor del College for Environmental Science and Forestry, de la Universidad Estatal de Nueva York en Syracuse. Hall, un auténtico entertainer sobre el estrado, la inició diciendo que los economistas convencionales —que él denominó neoclásicos— no tienen ni la más remota idea de lo que es la economía en la vida cotidiana… y así nos va. Citó entonces una frase de Wassily Leontief, premio Nobel de Economía en 1973, según el cual los modelos básicos de la economía son “incapaces de proponer de ninguna manera perceptible una comprensión sistemática del funcionamiento de un sistema económico real”.

La segunda circunstancia tuvo lugar ya de vuelta a casa, cuando empecé a revisar la ingente cantidad de bibliografía que obtuve en la conferencia de la ASPO. Allí estaba el Crash Course de Chris Martenson, que empecé a visionar en la pantalla. De entrada, me fascinó por su claridad de ideas, sus virtudes pedagógicas, su insistencia en el pico del petróleo y, sobre todo, por el hecho muy evidente de que Martenson demuestra con candidez que no hace falta ser “experto” en economía para llegar a entender perfectamente, si uno se lo propone, eso que los economistas de altos vuelos parecen ignorar: que dos y dos son cuatro, no una retahíla de fórmulas esotéricas y lenguaje ampuloso, lo cual me llevó de vuelta a las palabras sarcásticas de Charles Hall y me incitó a completar el Crash Course. Añadiré que no sólo no me decepcionó, sino que fue entonces cuando decidí escribir a Chris Martenson para proponerle mi traducción en nombre del grupo de traductores activistas —todos ellos voluntarios— al que pertenezco, Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Chris, naturalmente, dijo que sí.

La tarea era compleja, pues ya no se trataba de traducir el típico artículo de dos páginas que uno se quita de en medio en poco tiempo, sino de más de 40.000 palabras, más las diapositivas de los vídeos. Y a ello se añadía la dificultad de que iba a ser necesario doblar la voz de Martenson, pues nadie en su sano juicio puede pretender que los posibles beneficiarios hispanos del curso soporten una veintena de capítulos, algunos bastante largos, leyendo subtítulos.

Pero Tlaxcala es un grupo heterogéneo y multinacional con múltiples recursos. Una de nuestras traductoras, la mexicana Atenea Acevedo, ejerce profesionalmente de intérprete de conferencias, tiene una preciosa voz y aceptó encantada el reto que le propuse. El resultado de nuestra colaboración trasatlántica es lo que hoy sale a la luz.

Hemos decidido mantener el título del curso en el inglés original precedido por el artículo determinado “el” ―lo cual da lugar al extraño híbrido El Crash Course―, pero no por gusto personal, sino sobre todo porque muchos de quienes lo lean no sabrán al principio qué significa, pero el binomio es uno de esos escollos endiablados que suelen amargar las vidas de los traductores y no se nos ocurrió nada que reflejase fielmente en español la intención significante de Martenson sin el estorbo del doble matiz semántico que tiene course (“camino” y “curso académico”). Atenea y yo pensamos que si lo traducíamos por “Curso (o camino) hacia el desastre” invitaría poco a tomarlo (¿a quién se le ocurriría meterse en algo que lo lleve al desastre?), mientras que si lo traducíamos como “Curso (o camino) del desastre” algún malpensado podría creer que el curso es una porquería. Tampoco “Curso sobre el desastre” nos pareció ideal. Los lectores (y espectadores) nos perdonarán, pues, el anglicismo.

Por último, he de decir que otra ventaja añadida del Crash Course es que dice sin ambages las verdades que otros callan sobre la doble crisis actual ―económica y energética― desde la aceptación del capitalismo como sistema viable, pero pervertido por el mal uso. Las palabras que lee Atenea son las de un hombre convencido de que si se hacen las cosas con rectitud el sistema capitalista puede pervivir. Excuso decir que ni ella ni yo compartimos ese convencimiento, pero eso no tiene la menor importancia, pues a estas alturas lo verdaderamente necesario es que la ciudadanía sepa qué está pasando de verdad en el mundo, más aún si quien les cuenta esta historia de terror económico es un honrado usamericano que ama a su país ―el malhadado Imperio― y quiere mejorarlo.

Manuel Talens
Madrid, mayo de 2009

Muy pronto en el desarrollo de mi carrera como traductora e intérprete advertí que este quehacer profesional ofrecía una veta extraordinaria para estructurar mi activismo por los derechos humanos, la equidad de género y el cambio social. Aun cuando la cantidad de información generada en la actualidad no tiene precedente histórico, las voces divergentes o sencillamente distintas se pierden con gran facilidad cuando los medios dominantes dictan el ritmo de las creencias generalizadas.

Además de constituir mi principal medio de vida, la traducción y la interpretación son pasiones que me han permitido dar voz a quienes no la tienen, es decir, hacer inteligible un discurso articulado a contracorriente o trasladarlo a un espacio de mayor difusión en donde puede manifestarse, encontrar eco, sumar esfuerzos o aportar una muy necesaria pluralidad de pensamientos y formas de acción. Por otra parte, estoy convencida de que un derecho humano fundamental es la posibilidad de expresarse y leer en el idioma en el que cada cual sueña, en esa lengua cargada de resonancia emocional e intelectual que define parte de nuestra identidad, y vivo como un privilegio el poder contribuir al ejercicio de ese derecho.

En abril de 2007 conocí a Manuel Talens en el marco de un congreso de traducción e interpretación activista celebrado en Granada, España. Sabía de la labor de Tlaxcala y me interesaba unirme al colectivo, así que cuando la providencia me sentó al lado de Manuel en una comida entre sesiones de trabajo surgió un vínculo basado en la convicción compartida en la diversidad lingüística como herramienta capaz de construir y defender realidades alternativas. Parte de este espíritu explorador de caminos se revela en dos neologismos que suelen distinguir las traducciones de Tlaxcala al español: son Usamérica y usamericano o usamericana para referirnos a lo que la mayoría denomina Estados Unidos y estadounidense. La polémica política en torno al nombre de este país y su gentilicio es añeja y no pretendemos reavivarla, sino invitar al público a abrir la mente a ciertas licencias libertarias.

El Crash Course en español es una aventura que conjuga la impecable traducción de Manuel con mi propia incursión en el mundo de la voz en off o voice-over. Nuestra intención es hacer las ideas de Chris Martenson más accesibles a la población usamericana de origen hispano, pero también a las personas hispanohablantes del resto del globo que quieren y tienen derecho de entender qué sucede con la economía y las finanzas internacionales. Hemos intentado dar un toque más latinoamericano que peninsular a la terminología del curso (y, evidentemente, a su oralidad), aunque las diferencias regionales no son pocas entre tantos millones de personas que nos comunicamos en este idioma. El producto final no se habría consolidado sin el talento del equipo técnico de Chris, con quienes también estamos en deuda por su difusión.

Atenea Acevedo
México, D.F., mayo de 2009

Fuente: Rebelión


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